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Comer por gusto o por salud, el dilema de muchos padres

 

Consientes a tus hijos o son conscientes de lo que comen. Ésta es una de las disyuntivas que muchos padres deben tener al momento de decidir alimentar a sus hijos, no es que una esté peleada con la otra, simplemente es un ejercicio de consciencia para saber qué les estamos dando y si es correcto.

Una manera de hacer conscientes a los niños de lo que comen es más sencillo de lo que nos imaginamos, lo principal comenta Ximena es que lo hagamos como un juego, sin imposiciones.

Sentarnos a la mesa, respirar, masticar, distinguir sabores y alertar el sentido de la saciedad.

Si además compartimos con nuestros hijos lo que están comiendo en valores nutricionales, ellos sabrán cuál es el sabor del arroz y que les dará mucha energía para jugar. Eso es comer con consciencia.

¿Qué nos aporta qué?

Cereales y leguminosas

Aportan energía para el crecimiento, para hacer actividad física y para las actividades mentales (pensar, estudiar). El cerebro necesita primordialmente de ellos.

Son: arroz, trigo, avena, sémola, cereales en copos, harinas y productos que se realicen con ellas como el pan, galletitas, pizza, lentejas, entre otros.

Frutas y verduras

Aportan gran cantidad de vitaminas y minerales, fibra y agua. La fibra ayuda a mantener sano el aparato digestivo, actúa como laxante natural. Limpia las arterias y la sangre y previene enfermedades (como el cáncer).

Aquí se incluyen todas las frutas y verduras. Es recomendable ingerir algunos crudos cada día para aprovechar mejor sus nutrientes.

Lácteos:

Son fuente de proteínas, aportan calcio y vitaminas (A y D).

Incluye la leche, yogur, postres de leche y quesos.

Carnes y huevos:

Junto con los lácteos representan la más importante fuente de proteínas de excelente calidad. También aportan hierro.

Son: carnes de vaca, pollo, cerdo, cordero; carnes de pescado como atún, caballa, pejerrey, merluza, brótola, etcétera; huevos de gallina y codorniz.

Grasas:

Aportan energía. Siempre y cuando sean las llamadas buenas. Se las puede distinguir en grasas de origen vegetal: aceites, semillas (girasol, sésamo, lino) y frutas secas (nueces, almendras, maní, avellanas). Todas ellas son buenas para la salud. Las otras no tan buenas son las grasas de origen animal: crema, manteca, la grasa de la carne y la que se utiliza para cocinar. Su consumo en exceso produce enfermedades.

Agradecemos a Ximena Díaz Reina, psicóloga clínica certificada en psicología transpersonal, constelaciones familiares, psicoterapia corporal creadora del programa de nutrición con apoyo psicoterapéutico

7 marzo, 2017

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Lucía Velázquez


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