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¡Grande Bosé!

“Estaré” es la gira en la que el cantante español de mayor repercusión a nivel mundial presentará ante sus seguidores su más reciente material discográfico: Bosé: MTV Unplugged.

Por: Sandra Aguilar Loya / sandraaguilar@newscity.com.mx

El máximo recinto de espectáculos de la Ciudad de México, el Auditorio Nacional fue el elegido para que el 16 de febrero este “amante bandido” arranque su gira por diversas plazas del país pero que también lo llevará a España, Estados Unidos, Puerto Rico,  Centro y Sudamérica, en la que deleitará a sus fans con un nuevo formato que le ayuda a escribir un nuevo capítulo en su carrera artística.
Bosé fue recientemente galardonado en España con la Medalla Internacional de las Artes 2016 por sus méritos de relevancia a nivel mundial en el campo de las artes, ya que sus creaciones han contribuido a difundir al país como referente cultural.
Él es una de las figuras más destacadas del panorama de la música pop en su patria. “Por más de más de 40 años sobre los escenarios, ha tenido rotundos y continuados éxitos musicales desde sus primeros discos hasta el día de hoy”, declaró en su momento la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes.
También recibió el Premio Ondas por sus 40 años de carrera musical, como un artista total y un icono de la cultura pop, todo ello gracias a 17 álbumes de estudio y más de 30 millones de discos vendidos, giras multitudinarias, una carrera polifacética y más de 70 éxitos que han alcanzado el número uno de los charts de radio de Europa y América.

Poeta del 56

El arte se hizo presente en él desde su concepción. El temple de su padre, el torero español Luis Miguel Dominguín, así como la sutileza de su madre, la actriz italiana Lucía Bosé, forjarían la maestría del que hoy en día es uno de los cantantes más reconocidos a nivel mundial.
Luis Miguel González Bosé —su nombre verdadero— fue un niño solitario que creció rodeado de grandes figuras del mundo del arte y la cultura como el pintor Pablo Picasso, el escritor Ernest Hemingway y el cineasta Luchino Visconti, su padrino de bautizo.
Ese niño que durante los primeros años de vida pasaba sus veranos en Cannes, en la finca La California del pintor malagueño, ya mostraba su gusto por la danza, así que con el tiempo decidió tomar clases en Londres con Lindsay Kemp, de ahí brincó a París para formarse bajo la tutela de la gran Martha Graham y terminó de perfeccionar su técnica en Nueva York, donde se puso en manos de Alvin Ailey.
Tiempo después, el 26 de abril de 1977, con los primeros acordes de “Linda” nacía el ídolo juvenil que conquistó el corazón de quienes hoy por hoy son sus más fervientes fans.
En ese entonces no sólo se haría famoso gracias a temas como “Te amaré”, sino que convirtió a “Bravo muchachos” en el himno de guerra de la generación del 56 que sentenciaba que todos eran poetas de paso por un mundo en agonía, donde lo mismo había héroes que delincuentes resultado de una vida tan vacía, llena de violencia y envida, pero que aun así eran buenos chicos, con principios diferentes, con el alma rota, medio locos, medio tristes.
La tauromaquia fue, quizá, el arte que decidió no tomar por los cuernos, pero el traje de luces lo portaba con gran dignidad. En él se enfundaba en honor a su padre, quien no estaba de acuerdo con la decisión de su vástago de dedicarse a la música. Sin embargo, con el tiempo, Miguel logró que el torero, ese que volvía locas a las mujeres de su época y a quien incluso la historia juzgó como el culpable del suicidio de la actriz Miroslava Stern, se convirtiera en su más grande admirador.
Ésa también fue, según el escritor y traductor español Jorge Berlanga, “la época del Miguel adolescente de belleza efébica, la que quiso retratar Visconti cuando le ofreció interpretar el papel de Tadzio en ‘Muerte en Venecia’” y que a la vez seducía “con su encanto y refrescante ambigüedad, ante el fervor de las fans, con temas como ‘Mi libertad’, ‘Anna’ o ‘Súper-Superman’”.
Al dominio del canto y la danza, nuestro “Papito” sumó el arte de la actuación. Participó en más de una veintena de cintas como “Los héroes millonarios”, “Vera, un cuento de hadas”, “Retrato de familia”, “Il garofano rosso”, “Suspiria”, California”, “En penumbra”, “El caballero del dragón”, “L’Avaro”, “Sentados al borde de la mañana, con los pies colgando”, “Cosa de locos”, “Lo más natural”, entre otras.
Sin embargo, como actor destaca en cintas comerciales como La reina Margot (1994), del director francés Patrice Chéreau, y Tacones lejanos (1991), bajo la dirección del gran Pedro Almodóvar, donde interpreta los papeles del juez Domínguez y el transformista “Femme Letal”. Esas dotes histriónicas las heredó de su madre, Lucía Bosé.

El séptimo de caballería

Así, pasaban los años. Con ellos llegaba la experiencia, la conquista musical de este español nacido en Panamá —pero que hoy en día cuenta con las nacionalidades española, italiana y colombiana (esta última otorgada en 2010 por el simple hecho de que su padre vivió parte de su infancia y adolescencia en Colombia)—, así como las ganancias millonarias gracias a sus LP. Pero también el inconformismo se hizo presente.
A la vanguardia de la moda y la época, Bosé era reconocido en el mundo artístico como un revolucionario que se atrevía a salir al escenario con el rostro maquillado o enfundado con sus brillantes mallones, que acompañaba con los típicos calentadores y una banda elástica en su cabeza, o el pantalón-falda que portaba con elegancia; luego optó por un look más moderno y sofisticado.
El cantante incluso considera que “la falda es un indumento tan bello, tan masculino, tan elegante, lo uso mucho, en determinadas ocasiones desde 1982-83 aunque va cambiando de forma y de color; lo combino con una camisa, una corbata, con ello arrasas… un viernes por la noche, ¡uf!, algo pillas, seguro”.
Su fama trascendía fronteras. De notable madurez artística, iba de lo intimista e innovador a lo comercial, y volvía a lo experimental, críptico y complejo, según argumentaban los críticos musicales de su trayectoria como cantante.
Ese inconformismo fue el que lo llevó a adentrarse en géneros como la electrónica, el pop dance, el trip hop y el chillout, pero nunca hizo a un lado esa parte romántica del pop con el que se dio a conocer.
A lo largo de ya cuatro décadas de trayectoria como cantante, ha trasgredido los convencionalismos e incluso Berlanga aseguró que hubo una época en la que lució como “un heredero estético de (David) Bowie”, pero también se ha dado el lujo de apadrinar a un gran número de artistas, tal fue el caso del grupo Timbiriche, del que surgieron dos cantantes en especial con los que no para de realizar colaboraciones, Sasha Soköl y Benny Ibarra.

Monstruo, vanidoso y solidario

“Bosé no gusta a todos, Bosé es envidiado por muchos, Bosé es amado por tantísimos, Bosé es un monstruo, Bosé es un tipo brillante”, dice el cantante.
“Y como decía mi padre: ‘Que hablen de ti, aunque sea bien’… El día que eso ya no suceda, me iré por las sombras”, sentencia Bosé.
A partir del momento en que escuchó esas palabras en boca del famoso matador de toros, Miguel hizo del autoestima una cualidad que lo llevaría a conquistar terrenos insospechados, que hasta se atrevió a experimentar con diversos géneros musicales, esos que nunca imaginamos tocaría un hombre tan culto que domina varios idiomas, como la cumbia y la bachata, cosa que dijo “he resuelto muy bien, pero con la bulería (cante flamenco), jamás me atreveré”, dice.
También gracias a los consejos de su padre hizo de la vanidad un arma idónea para lucirse en el escenario. “Menos mal que ya podemos ser vanidosos, porque antes, esa cualidad en un hombre no era bien recibida.
“Nos quitaron las faldas, ellas; nos quitaron los maquillajes… ¿la vanidad también? ¡No! Es muy saludable ejercerla, sean vanidosos que le van a gustar mucho más a las chicas. Pues ya está. ¿Soy vanidoso? ¡Sí!”, afirma.
Pero quizá la cualidad más importante de este hombre “sereno” es su preocupación por los temas sociales, por ello no sólo toma parte en conciertos, galas y todo tipo de eventos a favor de la paz, el cambio climático y el sida, sino que los enfrenta.
“La Fundación Patrimonio Indígena MX —de la cual es el presidente honorario— es la niña de mis ojos, a la que soy más devoto y a la que le dedico y a la que le voy a dedicar más tiempo, porque es una labor que hay que hacer y de la que todos deben participar. Es patrimonio cultural, identidad de esta patria, que a mí, conociéndola a lo largo de estos 40 años, me ha fascinado. Descubrir una por una, las 68 etnias que hay, con todo lo que hay detrás, es un legado que creo debemos dejar a la humanidad, pero que también había que apoyar en diversos ámbitos”, explica.
Bosé, hace esto, argumenta, porque “me gusta, porque los siento, porque creo que es una estupenda y fantástica aventura, que contribuye también, un poco, a pagar esa deuda inmensa contraída con este país y que jamás podré devolver, porque México ha estado en las buenas, sí y en las malas, sí, pero ha estado sobre todo en las muy malas (en la vida del artista) y poquito, poco a poco, podré hacerlo de esta forma”.
Gracias a ella fomenta la riqueza cultural mediante la preservación, fortalecimiento, difusión y rescate del patrimonio indígena mexicano, al tiempo que impulsa el desarrollo de habilidades técnicas a través de proyectos formativos y talleres de preservación cultural. Todo esto a través de una serie de acciones entre las que se encuentran brindar apoyo a la investigación y difusión de manifestaciones artísticas, dar soporte al fomento y preservación del patrimonio cultural y realizar acciones de preservación de sus obras en Casas del Niño Indígena.

Blindaje sagrado

En lo profesional, Miguel Bosé es un libro abierto. No hay nada que de ello no se sepa. Sin embargo, la parte personal, desde siempre, ha estado blindada.
Hay temas de los que no le gusta hablar a Bosé, uno de ellos es el de sus hijos al padre Telmo, Ivo, Tadeo y Diego. “Esa es una cosa personal, es parte de mi refugio, de Miguel. Si yo lo comparto, a dónde voy a ir a esconderme. Esa área la voy a seguir blindando porque es mía, es sagrada”.
El cantante recibió un duro golpe sólo hace unos días por la muerte de su sobrina Bimba Bosé, quien por años luchó contra el cáncer que padecía.
“Buen viaje Bimba, mi cómplice, mi compañera, mi amor, mi hija querida. Guíame”, escribió en su cuenta de Twitter.
Bosé ha dicho que mientras nadie trasgreda su intimidad, como cantante, “continuaré aquí asediándoles y proponiéndoles (a sus fans) durante todavía mucho tiempo, hasta que me harte, cosa que veo muy lejana.
Él es un hombre fuerte, sabio y talentoso. La gente está con él porque él siempre ha estado ahí para ellos.

15 febrero, 2017

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Sandra Aguilar


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